Lo que no te contarán de Bocas del Toro en Panamá

Lo que no te contarán de Bocas del Toro en Panamá

En estos días, he terminado de aprender que no hay que formarse espectativas a grandes escalas cuando estás viajando. Es mejor dejarse llevar por las sensaciones in situ, por lo que te transmite directamente el lugar, y por lo que transmiten las personas que allí habitan. En mi viaje por Centroamérica el país que quiero conocer a fondo es Costa Rica, pero también barajo la posibilidad de acercarme a los países vecinos si surge la ocasión. La primera semana la pasé alojada en Puerto Viejo de Talamanca (Costa Rica), en un lugar donde “la pura vida” se lleva a raja tabla. Personas amables, playas caribeñas paradisíacas, selva tropical a pie de costa, e innumerables especies animales y vegetales que hacen las delicias de los amantes de la naturaleza. Esta región costarricence está justo a 20 kilómetros de la frontera con Panamá, siendo el archipiélago panameño de Bocas del Toro el más publicitado por los touroperadores para visitar. Existen muchas excursiones ya programadas de uno, dos y hasta tres días. Eso sí, si eliges esta opción, prepara la cartera porque son bien caras. Los folletos informativos son bastantes llamativos, un archipiélago de lujo, donde la vivienda característica es una cabaña de madera sobre la orilla del mar. Un mar transparente de aguas cristalinas turquesas en el que puedes ver a simple vista estrellas de mar. Como no, bastante engatusador, para que voy a mentir.

Cuando viajas con mochila buscas siempre la forma más barata de moverte y hacer actividades, así puedes estirar más el dinero, y sacarle más rentabilidad. En Puerto Viejo hay muchas compañías que venden paquetes de traslado hasta Bocas del Toro por 25 dólares la ida, siendo la vuelta por 20 dólares. Tan solo tienes que reservar con un día de antelación para organizar el viaje, ya que te recogen en donde te estés hospedando, te asesoran en el paso fronterizo, te llevan hasta el puerto panameño de Almirante, y después en una lancha hasta Isla Colón, la isla principal de Bocas. Todo una aventura sin duda. Parece, por tanto, un precio más que razonable ya que en total son unas tres horas de trayecto desde Puerto Viejo a Isla Colón. Si me preguntasen ahora si recomendaría hacer dicho viaje, la primera respuesta que se me viene a la cabeza es “no”, y explicaré en estas líneas mis razones, aunque quiero dejar claro que ha sido fruto de mi experiencia, de la realidad que viví, y de las impresiones que se fueron generando con el paso de los días. En total iba con intención de estar al menos una semana, prorrogable a dos, pero no aguanté más que cuatro días.

Sinceramente, me hacía mucha ilusión realizar ese viaje, las fotos que había visto eran increíbles. No obstante, tras haber cruzado la frontera, y después de haber realizado el trayecto en bote desde Almirante hasta Isla Colón, la ilusión fue mermando considerablemente. Todas las islas están llenas de pequeños embarcaderos, tener un bote allí es el negocio del siglo para el que lo posee, ya que es el único medio de transporte que existe en el archipiélago. La primera sensación al bajarme del bote fue de desconcierto. Una avalancha de hombres ofrecían tours diferentes, y traslados en bote a las otras islas. Yo escuchaba nombres solapados unos sobre otros. Entre el bocerio identifiqué el nombre de la isla Bastimentos, mi destino final. “¿Cuánto cuesta llegar a Bastimentos? – 5 dólares. – ¿Cómo es posible si me habían dicho que dos? – Hace tiempo que cuesta 5 dólares”. Bueno, antes de cogerlo fui al supermercado, en cuyo camino también llovían los ofrecimientos de tours y botes. Lo que no te cuentan, es que los 5 dólares son para los turistas despistados. Si caminas unos 300 metros a la izquierda del embarcadero al que llegas, los botes que salen a Bastimentos cuestan 3 dólares. El primer día me dejé engañar, ya el segundo no.

Hablemos  ahora de las calles de Bocas del Toro. No se cómo expresar con palabras la tristeza que sentí al ver un lugar tan bonito e idílico lleno de mierda. Tal cual. Sus calles parecían estercoleros. Y no hablo de algunos recientes o papeles por el suelo. Hablo de basura acumulada por montañas en sus calles y orillas marinas, incluso en las entradas de las propias casas. Era realmente desagradable. Basura acompañada de mal olor. Y pese a que está lleno de carteles en los que se le pide a los turistas que no tiren basura al suelo, son precisamente los isleños quienes ensucian su propio hogar. Daba asco. Y, posiblemente, a los operadores turísticos no les gustará que esta información se divulgue, pero creo que es imperioso desmontar la publicidad engañosa que se reparte a diestro y siniestro.

En la Isla de Bastimentos la realidad no cambia. Apenas tiene un pequeño pueblo con casas, algún que otro restaurante, y diferentes hostales sobre el mar, todo en una misma calle de no más de dos kilómetros de largo. No es de extrañar que los alojamientos usen las entradas a sus establecimientos de los embarcaderos para sus huéspedes, y así ahorrarles el mal trago de entrar por la calle en la que te tienes que ir abriendo paso entre la basura. Para aquellos que después de tantos kilómetros llegan al lugar a disfrutar de la naturaleza es un contraste bastante grande. Siempre he pensado que la pobreza no tiene porque ir acompañada de suciedad, y se me hace difícil entender cómo un lugareño va tomando cerveza por la calle y tira la lata al suelo como si nada, y digo cerveza como puedo decir botellas de cristal, envoltorios, papeles, o bolsas de basura directamente.

Si hablamos de sus gentes, el contraste con los costarriqueños es enorme. Si los segundos destacan por su simpatia y amabilidad, los primeros destacan por lo contrario. Es más, si no tomé todas las fotografías necesarias para mostrarles la suciedad, fue porque no me atrevía a sacar la cámara. Por lo visto, es bastante habitual robar a turistas en cualquier descuido. Como varias personas me advirtieron sobre lo mismo al llegar a Bastimentos, mis pertenencias más valiosas no vieron la luz por el pueblo. Es más, como consejo, te dicen que es mejor ir con lo puesto y el dinero justo encima. Pues vaya, eso de ir con tanto respeto y cuidado todo el día, y mirando a tus espaldas, no es nada agradable. Además, por norma general, los lugareños no son simpáticos con los foráneos. De hecho, pese a que hablan en español entre ellos, si hay extranjeros delante, cambian su lenguaje por el ‘guari guari’, un dialecto local fruto del inglés y el inglés jamaicano. Y si eres mujer, prepárate para escuchar comentarios groseros y soportar miradas lascivas, es un horror.

Y por si no pudiera sorprenderme más con todo el conjunto, resulta que los chinos tienen prácticamente el monopolio de los supermercados de Bocas del Toro, algo que contrasta muchísimo con lo remoto que es el lugar. Eso sí si, con unos precios desorbitados, y algunos dólares que te cobran de más si eres extranjero.

Alejándote del pueblo, puedes olvidar las malas vibras conectándote con la naturaleza. Solo hay un camino en la isla, y te lleva a la playa de Wizard. Pero si has estado en Puerto Viejo, no te resultará diferente. La playa está muy cuidada, y cuenta con vigilancia policial hasta las 5 de la tarde, hora en la que hay que abandonar la playa. El camino está indicado y no tiene pérdida, la playa cuenta con varios kilómetros, está flanqueada por un bosque y posee aguas cálidas y cristalinas, muy limpias en comparación con las del pueblo, incluso alcancé a ver una manta raya en la orilla. También hay otra playa que se llama Red Fog, para llegar a ella hay que ir en bote y te cobran al entrar.

Poco más hay que hacer en este lugar, al que, personalmente, no recomiendo visitar. Lo único maravilloso de esta aventura fue el cruce de frontera, y el poder pasear por el interior de la isla apreciando su naturaleza. Por las noches hay un sonido envolvente muy relajante, fruto de la combinacion del cantar de los distintos animales que hay en la isla, que te hace olvidar todo. Ah, se me olvidaba, el agua que se usa en el lugar es el de la lluvia, si no llueve, no hay agua. Por suerte, prácticamente todas las noches cae alguna tormenta, pero no significa que refresque, el calor es horrible debido a la alta húmedad, nunca había sudado tanto. Pese a las malas vibras puedo decir que no me pasó nada. Me quedo con la experiencia de conocer otra realidad, y así poder transmitirla. Ya estoy de regreso a Costa Rica, y se nota en todo, para bien por supuesto.