Diez días por Guanacaste Costa Rica, parte III

Diez días por Guanacaste Costa Rica, parte III

Y seguí con la aventura por Guanacaste Costa Rica. En esta tercera entrega del relato sobre nuestros diez días de acampada en diferentes playas de la Península de Nicoya, les contaré el porqué no continuamos con la ruta marcada hasta Sámara, y cómo llegamos a Playa Órganos. Si te perdiste la primera y segunda entrega, puedes leerlas aquí y aquí.

Atrás dejamos Playa Avellanas, Playa Lagartillo y Playa Negra. Comenzamos a andar por el camino principal con el objetivo de llegar hasta Paraíso de nuevo, donde tomaríamos la ruta hacia Santa Cruz. De ahí dirección al pueblo de Nicoya, para bajar a Sámara, y hacer noche allí. El día se tornaría largo y lleno de emociones, algo que ignoramos de buena mañana.

En otras ocasiones he comentado que la gente costarricense es bastante amable, pero lo que nos encontramos en Guanacaste Costa Rica nos sorprendió bastante. Después de pasar por la pulpería (tienda de comestibles local y pequeña), y agarrar algo de fruta, anduvimos unos kilómetros hasta que un hombre nos recogió en su camioneta. El viento azotaba nuestro cabello y apaciguaba el calor que habíamos pasado por el camino.

Llegamos a Paraíso y allí conocimos a un gringo muy simpático que nos llevó hasta el pueblo de Santa Cruz. Les contaría algo sobre ese trayecto, pero la pasé dormida de principio a fin. En Santa Cruz Cáhil aprovechó para sacar algo de dinero del banco y seguir la ruta hasta Sámara, nuestro objetivo final.

Playa Negra, Guanacaste Costa Rica

La odisea por Guanacaste Costa Rica

Nos situamos en la carretera principal, y levantamos el dedo pidiendo ride (haciendo autostop). ¿Es seguro hacer autostop en Costa Rica? La respuesta puedes leerla en esta publicación. Y aunque nunca nos llegó a pasar nada, la señora que nos paró iba a hacernos sentir temor por nuestra vida. Un coche bastante viejo, pequeño, y con poca potencia, paró en medio de la vía principal. No, no se hizo a un lado.

Aunque dudamos al principio, la mujer insistió bastante. Colocamos la mochila de Cáhil en el portabultos de atrás. Ana y yo nos sentamos en los asientos traseros con nuestras mochilas. Cáhil fue el copiloto. “¿Cómo te llamas?”, le preguntamos. “Isis”, nos contestó. La señora era todo un peligro en la carretera. Intentaba hacer adelantamientos imposibles. Obviando el detalle de que el coche iba más cargado de lo normal.

Paró en una gasolinera a repostar. Ahí empezamos a notar que muy bien de la cabeza no estaba. Hacía comentarios muy raros a los empleados de la gasolinera. Le compró un coco fresco a un vendedor ambulante. Arrancó el coche y la odisea comenzó. El coche se le iba para los lados, incluso una vez se salió de la carretera. No hacía más que insultar a los conductores por lo “lento” que iban.

Nos aseguraba que ella hacía todo el viaje hasta San José desde Tamarindo muy rápido, que siempre adelantaba. Su risa era bastante siniestra la verdad. Yo no quería mirar para adelante. Fueron los 20 kilómetros más largos de mi vida. Su forma de conducir era bastante brusca. A mi me dio un ataque de risa nervioso. Incluso se me saltaron las lagrimas.

Por suerte, la agonía terminó pronto. Aunque fue el peor ride por Guanacaste Costa Rica. Nos dejó en la entrada al pueblo de Nicoya. Ahí fue cuando nuestra suerte cambió por completo. Algo que descubrimos al final del día.

La suerte que tuvimos en Guanacaste Costa Rica

Volvimos a hacer autostop. Ya estábamos en la carretera principal que lleva a la playa de Sámara. Sería mucho más fácil encontrar un coche que nos llevara hasta allí. Levantamos el dedo, y en menos de cinco minutos nos cambió el día por completo. Como si los astros se aliaran y nos compensaran por el mal trago que pasamos minutos antes.

Se paró un coche. No tenía mucho espacio. Colocó nuestras mochilas en una especie de bidón en el cajón de atrás de una camionetilla. Cáhil se sentó delante, y Ana y yo compartimos un hueco trasero. “¿Cuál es tu nombre?”, le preguntamos. “Luis”, nos dijo. Después de las presentaciones pertinentes, le contamos nuestra mala experiencia con Isis. Aún estábamos sobresaltados, pero le echamos humor al asunto.

El tour con Luis

Hablando con él, nos comentó que iba a hacer unos pedidos de trabajo. Tiene una marisquería y tenía que visitar a unos clientes. Nos ofreció dejarnos en Sámara y después seguir con él hasta su pueblo, Corozalito. En Sámara hicimos algunas compras de comida para los siguientes días. Esperamos a Luis. Cuando nos volvió a recoger, nos hizo un tour por las playas de Carrillo, Punta Islita, donde paró para que viéramos las vistas desde el mirador, y nos llevó a la playa de Corozalito.

En dicho lugar, pudimos ver más nacimientos de tortugas, mapaches, y una puesta de sol de ensueño. Para nuestra sorpresa, Luis nos invitó a pasar la noche en su hogar, con su familia. Con gusto aceptamos. Además, nos dijo que por la noche podíamos regresar a la playa para ver a las tortugas poner huevos. Cuando llegamos a su casa, su esposa, Nely, nos recibió con los brazos abiertos.

Cenamos un rico ceviche costarricense, con patacones y un atol de avena. Todo muy rico. Después de que nos enseñara Luis la pescadería, y de reponer fuerzas con la comida, fuimos a la playa. El cielo estaba estrellado, parecía que podíamos tocar las estrellas. Pudimos ver cerca de 30 tortugas poniendo huevos. Todo un espectáculo de naturaleza salvaje. Regresamos a la casa a descansar, al día siguiente nos levantábamos a las 5 a.m. Hora de partida 5.30 a.m.

Corozalito, Guanacaste Costa Rica Playa Corozalito, Guanacaste Costa Rica

Playa Corozalito, Guanacaste Costa Rica

La ruta hacia Playa Órganos, en Paquera

Al día siguiente partimos con Luis bien temprano. Llegamos hasta Nandayure, donde nuestros caminos se separaban. Eternamente agradecidos, nos despedimos con un cálido abrazo, y la promesa de una visita si volvíamos a pasar por allí.

Nos situamos en la carretera principal, nuestro objetivo era llegar hasta Santa Teresa, pero fuimos conscientes de que el camino era imposible y que no conseguiríamos un carro para llegar hasta allí. Así que, cambiamos el plan. Nuestro siguiente objetivo era llegar hasta Montezuma. Un camión nos recogió en Nandayure y nos dejó kilómetros antes de llegar a Jicaral.

En el tramo hasta Jicaral no conseguimos ningún ride. Caminamos unos 7 kilómetros hasta que Sean, un asiático afincado en Costa Rica desde hace cinco años, nos recogió. Nos alivió 3 kilómetros hasta Jicaral. Ahí comimos en un restaurante. Volvimos a hacer autostop en la carretera principal.

Tardamos bastante en que nos cogieran. Finalmente, un camión de alto tonelaje se paró. Nos llevó hasta el pueblo de Paquera. Es vendedor de madera y me contaba que por cada árbol que se tala, se plantan cinco. También me contaba que no todo es tala de árboles, también recogen aquellos que caen solos.

Autostop en camión por Guanacaste Costa Rica

Autostop en camión, viaje hasta Paqueta

Llegamos a Playa Órganos, Guanacaste Costa Rica

Nos bajamos en Paquera, Guanacaste Costa Rica. Ya se nos había hecho tarde así que decidimos acampar esa noche en Playa Órganos. Nuestra intención real era pasar hasta la playa de al lado para poder ver el fenómeno de la luminiscentes. Pero nuestro intento se vio truncado.

Una vez en Paquera, y en vista de que no podíamos llegar a otro lugar, fuimos caminando hasta Órganos. Nos dijeron que serían 15 minutos, pero claro, en coche. Andando fue demasiado. Me sentía realmente cansada. El camino era en su mayoría cuesta arriba. Parecía que no íbamos a llegar nunca.

Empecé a decaer bastante. Nos cruzamos con un hombre en coche por el camino que me aseguró que ya estábamos llegando. Cuando por fin divisé el mar, mis energías volvieron momentáneamente. Fue llegar a unas mesas y sillas que habían tipo merendero, cuando me desplomé con cara de alivio. Estaba realmente agotada. Bueno, los tres.

Buscamos un sitio para acampar tras charlar con unos hombres que vivían en la playa. Nos aseguraron que era un buen sitio para acampar, que era tranquilo, y que podíamos hacer fuego. Y así fue, montamos la caseta Ana y yo, y Cáhil se puso manos a la obra con el fuego. Comimos y a la cama.

Esa noche iba a ser bastante movida. Primero, escuchamos a los mapaches, esos animales son unos ladronzuelos que arrasan con todo lo que haya de comida. Salimos de la caseta y acomodamos todo de nuevo, guardando la comida dentro. Horas después comenzó a llover con fuerza, por lo que salimos a guardar las mochilas dentro de la caseta. Y, a eso de las 4.30 de la madrugada, empecé a notar golpes en mi cara desde fuera de la tienda.

Me asusté bastante, estaba dormida. Empecé a intentar ahuyentar a aquello que fuera que me golpeaba. Sin éxito ninguno. Ese ser que se movía seguía intentando entrar en la caseta con bastante fuerza. Fue entonces cuando me incorporé, Ana se despertó preguntando qué pasaba. Después lo hizo Cáhil. Fue entonces cuando alcancé a tocar bien al animal. ¡Era una tortuga! Salimos rápido de la caseta e intentamos que cambiara de rumbo.

Finalmente abandonó el lugar dirigiéndose hacia el mar. No sabíamos cómo había llegado hasta allí, ya que estábamos bastante alejados de la orilla. Después del susto, regresamos a la caseta, pero no pudimos dormir mucho más. Ya había amanecido. Debíamos continuar el camino por Guanacaste Costa Rica, en esta ocasión rumbo a Montezuma.

Playa Órganos, Guanacaste Costa Rica

Poco rato después, desayunamos, nos duchamos, y seguimos nuestro rumbo. Por delante, dos noches más de aventura por Guanacaste Costa Rica, la última de ellas en una isla cementerio a la que solo se puede llegar en marea baja. No te pierdas lo que sucedió en los días siguientes. Aquí les dejo algunas de las fotos de este tramo.

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